Dentro del ciclo “Peregrinación y su referente
material”. El arqueólogo Hector Manuel Espinoza Vázquez, presento una
conferencia titulada “Arqueología de una
peregrinación, de Iztacalco a Chalma”. Y en otro caso la Arqueóloga Martha García
y Luis M. Gamboa presentaron otra conferencia titulada “Las
sagradas tierras de Iximche, Guatemala: sitio mayor de centro de peregrinaje en
tierra Kakchikel ”. Este evento se realizó en la Universidad Tecnológica de Ixmiquilpan
el 10 de julio del 2014.
En
ambas conferencias se pudo constatar que desde la antigüedad las peregrinaciones están de actualidad. Se comprueba
que estas constituyen un motor en la mayoría de las religiones, que motiva
la movilización espiritual y en ocasiones también políticas. Sin
embargo, no podemos afirmar que las peregrinaciones aun cuando existan indicios
en favor de la antigüedad prehistórica de los viajes a lugares sagrados; a
falta de textos que aclaren el significado de esos desplazamientos, nunca
sabremos si esas hipotéticas concentraciones corresponden a nuestra definición.
En cambio, con la escritura, aparecen testimonios de auténticas peregrinaciones, al menos desde la
civilización mesopotámica, con viajes sagrados a Nippur y Babilonia, y más
tarde entre los egipcios o los hititas.
En
toda peregrinación hay múltiples símbolos fundamentales, donde la imaginación
del origen en la búsqueda de donde
empezó solo refleja un ciclo de un nuevo comienzo, indefinido y eterno. En toda peregrinación se exalta la fe
personal del creyente y se fortalecen los vínculos de pertenencia de una
comunidad. Es entonces una vocación, donde los centros de peregrinación se convierten
en puntos de acción y contradicción. Son lugares donde afloran las ambiciones y
rivalidades temporales. Al final es bien sabido que no siempre puede ser así,
la culminación es la sanación para prepararse para otro comienzo.
El
poder surge cuanto algunos cuantos pueden controlar la peregrinación con esto obtiene
el prestigio y legitimidad excepcional. Donde los miembros que participan así
lo reconocen y respetan. Es por eso que durante los recorridos no es ajeno que hombres
de todas las edades y condiciones sociales, sean motivados a moverse a un
fervor autentico religioso, que puede motivar a una guerra contra otros hombres
por disputarse una montaña, una cueva, una ciudad u otra que son consideradas
moradas sagradas.
El
lugar santo puede adoptar formas diversas, puede ser montaña o río, gruta o
lago, árbol o fuente, pero, por la profundidad de la que emerge o la elevación
que alcanza sugiere el paso a una dimensión distinta de la horizontal y
terrestre en que se mueve el peregrino. En relación con algunos sitios
arqueológicos en Guatemala, es observable como algunos han sido destruidos o
vedados; otros se encuentran en pleitos abiertos entre facciones religiosas;
sin embargo, los sitios mayores, siguen siendo centros de peregrinaje,
presentan altares muy activos, altamente utilizados. Esto nos lleva a plantear
como la organización política maya presenta una estructura jerárquica
centralizada, que se refleja en el arreglo espacial o geográfico, y que además
es evidente en los textos jeroglíficos. Se ha considerado que la tendencia de
distribución centralizada de los asentamientos mayas dentro del ordenamiento
regional jerárquico, responde a variables como defensa, control político,
intercambio, mercado e inclusive, a un complejo sistema de peregrinaje, que
facilitaría el intercambio de mercadería e ideas.
En
otros casos el peregrinaje esta en búsqueda de la tierra prometida como es el
caso de “La Teotlalapan” o “Teutlalapa”, como se le denominaba entonces durante
el siglo XVI, región que comprendía la vasta zona del actual Valle del
Mezquital, desde Tula hasta Itzmiquilpan y se prolongaba hasta las
inmediaciones de Pachuca, Tizayuca y Zempoala. Que se convertirá en un
territorio que fue bautizado con ese nombre por los mexicas y cuyo significado
era “el lugar de los dioses”: de Teotl, dios, y pan, locativo; ello en razón de
que fue este el último lugar que cruzaron en su largo peregrinaje emprendido en
busca del lugar de asiento.
Durante
los recorridos en las peregrinaciones, los hombres se someten a pruebas físicas
y morales de una ascesis vivida, que en ocasiones se podría convertir en una
experiencia mítica. Pero también no
podemos descartar que para algunos peregrinos se convierta en una oportunidad
para viajar. En el Japón la peregrinación responde tanto al fervor religioso
como al gusto por los viajes, en todo caso desde el siglo XVIII, época en que
dichos desplazamientos, que ofrecían a las personas comunes y corrientes una
ocasión de viajar, se pusieron muy en boga. En Mexico no estamos alejados de
esto, ya que las rutas de peregrinaje suelen terminar en áreas de recreación
como playas.
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