
Llegando a Dolores Hidalgo,
podemos conocer dos lugares. El primero corresponde con la Casa de José Alfredo
Jiménez Sandoval que nació el 19 de enero de 1926; después rumbo a Guanajuato
podemos pasar al panteón donde sus restos descansan, fallecido el 23 de
noviembre de 1973. José Alfredo, fue un artista apasionado de la música, gran
compositor de rancheras, huapangos y corridos que han sido interpretados por una
diversidad de artistas nacionales y extranjeros.
Dolores Hidalgo, ofrece al
turista una gran cantidad de monumentos relacionados con la Cuna de la
Independencia Nacional, pero lo que más es visitado es el museo y los restos de
José Alfredo Jiménez. El museo se ubica
en la calle Guanajuato No 13, la fachada es rojo ladrillo y un portón de
madera. La casa tiene en su acceso un patio central de donde podemos
comunicarnos con los cuartos que se comunican por pasillos y que es donde encontramos
la historia del como José Alfredo Jiménez, se convirtió en un música
reconocido.
La primera sala presenta un
mural en óleo de José Alfredo Jiménez, pintado por el muralista originario de
Celaya, Octavio Ocampo. En este se expresa parte de su vida resaltando monumentos
naturales como el cerro del Cubilete y la
parroquia de Nuestra Señora de Dolores y la Sierra de Santa Rosa. Acompañado a José
Alfredo Jiménez, se encuentran los mariachis y diversas personalidades de la
musca ranchera como Rubén Fuentes, Pedro Vargas, Pedro Infante, Miguel Aceves
Mejía, Jorge Negrete, Armando Manzanero, Chávela Vargas y Lola Beltrán, entre
otros.

José Alfredo Jiménez, sus
padres eran Agustín Jiménez Aguilar y de Carmen Sandoval, quienes tuvieron
otros tres hijos de nombre Concepción, Víctor e Ignacio. José Alfredo Jiménez,
tuvo en sus primeros años el apoyo de su padre, pero a su muerte, su familia se
fue hacia lo que es la ciudad de México.
Los objetos que se presentan expresan la vida que llevo y el cómo logro triunfar,
casarse, tener hijos y amigos que lo acompañaban a sus conciertos. Destaca parte
de su vestimenta que uso durante sus presentaciones.
José Alfredo Jiménez,
no se ha olvidado, los que llegan se
emocionan y se motivan a tatarear o cantar sus canciones que hay de todo tipo
según su estado de ánimo. Después del museo, es obligado ir a la tumba de José
Alfredo Jiménez que se localiza en el Panteón Municipal de Dolores.

La tumba sobresale de otras
por sus dimensiones. Hay un gran sarape y sombrero que fue construido para
conmemorar sus 25 aniversarios luctuosos del cantautor, construido por el
arquitecto mexicano Javier Senosiain, esposo de la hija del intérprete, Paloma
Jiménez Gálvez. Hay personas que se
ofrecen para dar una plática a cambio de unas monedas, señalando que el sarape simboliza
la Sierra de Santa Rosa, donde hay 57 nombres de canciones de un lado y 62 del
otro, con un total de 119. En el sombrero hay una cruz con 113 círculos que
simbolizan el número de la clínica donde él estuvo internado antes de morir en
la Ciudad de México, debajo de éste se ve una garganta abierta que contiene un
circulo azul con su nombre en manuscrita, las fechas de su nacimiento y muerte.
En su epitafio se lee “La vida no vale
nada”, frase tomada de la canción “Camino de Guanajuato”.
La tumba de José Alfredo
Jiménez, se construyó por necesidad turística, ya que antes de 1998, muchos
visitantes que llegaban al panteón la buscaban, convirtiéndose en nuestros días
en un atractivo necesario de conocer. Se
nos comentó que desde el 22 de noviembre para amanecer 23 de cada año, se
congrega tanta gente que toda la noche cantan y se emborrachan tomando copas a
su salud. El Gobierno Municipal hace concurso sobre epitafios y los que ganan
son escritos en la tumba; además de hacer un recorrido que inicia desde la iglesia
de la Virgen de los Dolores hasta la tumba de José Alfredo. Esto nos invita a
regresar, a tomar una copa y agradecer a José Alfredo Jiménez, un legado que es
un patrimonio de los guanajuatenses. Al
final ¿quién no ha cantado algo de José Alfredo Jiménez?
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